17.3.05

El vacío de la nada

Hoy tengo que escribir algo

PALANGANA

(ahí queda eso)
Bueno, quizás parece una tontería pero es más de lo que he hecho otros días. Y no hablo sólo por mí, que tampoco soy la unidad de medida de todas las cosas, sino también por otros muchos autores virtuales que no actualizan sus blogs de forma diaria (de los que no tienen blog, ni hablo, que para estos mi PALANGANA está a un infinito de kilometros entre el ser y no ser).

Sé que estoy siendo poco autocrítico, que justificar un PALANGANA en contraste con los demás es algo gratuito y ridículo, pero al día de hoy, es lo que hay.

Por una parte, tengo la absurda auto obligación de postear más seguido, y no sólo en cantidad sino también en la calidad. No sé en qué parcela no identificada de mi mapa genético se rigen estos sentimientos dictatoriales, pero los tengo, y me consta que no soy el único. Un vez más, apaciento por los campos más concurridos y vulgares. Debe ser una nueva patología que pronto saldrá por la televisión publica, dramatizada y con documental sensibilizador incluido; nadie dijo que el universo blogger no tuviera efectos secundarios y manías terciarias.
A nuevos caminos, nuevas llagas en los pies.

Esta apatía creativa-comunicativa es una fase personal ya tipificada por los propietarios de un blog de existencia prolongada.

¿Quien no ha visto un post donde alguien está revolcándose en su vacío existencial?

Es un recurso universal a lo largo y ancho de toda la blogesfera, sobre todo para los que se dedican a explicar su vida, ya sea en la variante sentimental o en la pura rutina cotidiana.

Son los denominados agujeros negros de la hoja en blanco, donde las musas hacen chantaje emocional por unas condiciones laborables más dignas en los horarios crepusculares.

Yo que tengo mi rincón algo despersonalizado, barnizado con una cierta distancia calculada (aunque a veces sea imposible no implicarse un poco), no haré aullidos a la luna llena, ni jugaré al frontón de las frustraciones (que sino purgan, rebotan). No, creo que todo es mucho más prosaico, trivial y mundano. Hoy tengo el grifo cerrado. La apatía me tiene rodeado y no quiero seguir tirando de la beta del material antiguo (ya de por sí, discutible). Hay cosas sencillas, de una sola dimensión, y los macarrones al horno son más nutritivos que al microondas.

No es la confesión de una derrota.

No es esconder la cabeza debajo del ala, pero callo porque tampoco es para ir haciendo una ostentación orgullosa. Una cosa es sacarle importancia a la situación y otra enfocarlo con el prisma de la trascendencia que esconde la conducta humana. (toma ya)

Las cosas son como son y el “mañana será otro día” tiene más sentido que nunca.

Tampoco me gusta divagar sobre el vacío de la nada, dando vueltas a la peonza que se marea porque encima soy reincidente; reconozco que hay precedentes, esta no es la primera vez, en Rayada imaginada estaba en la misma situación, con la misma piedra en frente del camino.

La línea de la existencia se cierra en circunferencias cíclicas que reiteran situaciones medio ambientales que tenemos que batallar en cada momento del calendario.

Hmm... ¿perdón?

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