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Conmoción en Australia

Era una fresca tarde de sábado, los gemelos de los MacOreal estaban jugando alegremente en el parque House-Soley del centro de Sidney. Estaban a cargo de su abuela paterna, la adorable Dolly MacOreal, conocida por sus galletas laxantes y por no tener ni idea de jugar al Bridge a pesar de ser la presidenta del Club Nacional de Bridge para mujeres mayores o con menopausia precoz.
Los niños estaban corriendo arriba y abajo, mientras se disparaban con pistolas galácticas de la última película de Disney, simulando la persecución de las diversas tribus aborígenes por parte de los colonos fundadores de la actual Australia caucásica.
La intensidad del combate hizo que Jimmy, el menor de los gemelos de siete años, se escondiera detrás de unos matorrales espesos mientras su hermano Kevin, el mayor de siete años, lo buscaba en dirección contraria con la sana intención de hacerlo esclavo de la corona Británica.
Entre el gentío y los gritos de los niños el parque era una olla de grillos descomunal y Kevin se desoriento por lo que decidió volver a su cuartel general imaginario.
Dolly estaba hablando de la publicidad engañosa de los alargadores de pene con las otras abuelas que también hacían de canguros gratuitas sin derechos sindicales cuando vio a Kevin caminar solo y con la mirada baja.
-Kevin, que pasa que no juegas? Y tu hermano, ¿dónde está?
-Ese hijo de puta se me ha escapado. Los salvajes no entienden que la civilización los mata por su propio bien.
-Madre de Dios, os he dicho mil veces que no juguéis al genocidio de civilizaciones que luego no hay quien os encuentre y no os quiero perder de vista.
Agarro al niño de la mano y comenzó una investigación visual por el entorno. Al cabo de cinco minutos se agoto de buscar y pidió ayudar al señor Donalson, encargado del parque y imputado por acosar a las chicas solteras que llevaban a pasear al perro en horas solitarias, que inmediatamente movilizó una brigada de emigrantes en situación irregular que estaban limpiando el bajo bosque, para que peinasen las tres hectáreas vegetales del parque.
La investigación no tuvo los resultados esperados porque en lugar del niño se encontraron con un escondite camuflado entre unos arbustos lleno de drogas sicodelicas y de fotografías del señor Donalson en ropa interior y haciendo posturitas insinuantes y, en la parte no accesible al público detrás de unos árboles de hoja caduca, se tropezaron con una plantación de marihuana de tamaño considerable, con más fotos de Donalson, esta vez vestido de ciclista y fumando porros al lado de las plantas ilegales mientras hacía la señal de la victoria a la cámara.
La policía municipal se hizo cargo del tema, requisaron las pruebas y detuvieron a un señor Donalson consternado que decía "pero como cojones me han relacionado a mí con toda esta mierda?".
Jimmy sin embargo, no dio ninguna señal de vida o de muerte y por tanto se le dio por oficialmente desaparecido.


La noticia corrió como la pólvora por los medios de comunicación y la conmoción en el país fue considerable. Los telediarios sacaban la fotografía de Jimmy y las declaraciones de Kevin diciendo que su hermano era un tramposo ya que los aborígenes salvajes tenían que dejarse exterminar.
Los padres del niño pedían ayuda a las autoridades y al público en general y aprovechaban la ocasión para reclamar una indemnización a la compañía aérea que les extravió una maleta hacía un par de años y todavía no les habían pagado ni un centimo.
La policía federal montó un dispositivo con más de 150 hombres y algunas mujeres para la operación "¿dónde está Jimmy?" (En honor al nombre del niño), el jefe de la investigación era el veterano Frank Burniguer.
Era un hombre bastante conocido en su casa y con un aspecto de rigurosidad o al menos, de tener siempre dolor de estómago.
Para él ser policía era un trabajo que no requería de los estudios de medicina que no tenía.
Le gustaba tanto el baloncesto que hizo un organigrama dividiendo a los agentes en grupos de cinco personas, según su altura, y activó dos líneas telefónicas para recibir pistas falsas de la población civil y para poder pedir pizzas a la hora de cenar.
Los forenses y los francotiradores pasaron a la reserva ya que de momento no había aparecido ningún cadáver para abrir ni ningún secuestrador con una cabeza que agujerear.
Tuvieron problemas con la policía local a la hora de utilizar a los perros entrenados para la búsqueda de personas ya que el Parque House-Soley tenía prohibido la entrada de este tipo de animales desde que el señor Donalson se dedicaba a asediar a las solteras que los sacaban a pasear.
Luego lo intentaron con gatos pero no fue lo mismo ya que solo localizaron dos madrigueras de ratas y un platito con leche a temperatura ambiente.
Frank Burniguer no estaba para tonterías y hizo interrogar a todos los testigos presentes en el parque, incluyendo a los menores, y prohibió el uso de teléfonos móviles a todos los agentes debido a un estudio no concluyente que había leído en una revista dominical que insinuaba que quizás podían provocar cáncer o leucemia o dolor de barriga.
No consiguieron averiguar nada y se gastaron un dineral en cabinas telefónicas.
Cuando Frank insinuó que quizás Jimmy tenía una doble vida, y que el asunto podría ser una venganza de la mafia dedicada a la compra venta de electrodomésticos, fue destituido del caso de manera fulminante y organizaron un sorteo entre el resto de agentes para encontrar un sustituto.
El agraciado fue Lorenzo Maldonado que pudo hacerse entender gracias a un traductor, ya que para él, el inglés era un idioma más o menos folclórico.
Lorenzo era un turista peruano voluntario de las brigadas anti incendios que envió mal la documentación a la hora de reclamar una ampliación del horario del metro.
Lo primero que hizo fue buscar a un vidente que les diera alguna pista de donde buscar el cadáver, ya que para él, pensar que el niño seguía vivo, después de casi 3 horas, era una imbecilidad de ingenuos que solo servía para hacer sufrir aún más a la familia.
Así que hizo que los técnicos manipular una imagen del niño con el Fotochop para que pareciera un muerto con un día de descomposición e hizo distribuir carteles donde se preguntaba si alguien lo había visto enterrado en alguna parte.
Recibieron varias llamadas sobre el tema y gracias a eso se encontraron media docena de cuerpos de niños desaparecidos pero por desgracia ninguno era el de Jimmy.
El vidente dijo que no recibía ninguna señal de ultra-tumba del niño y que no creía que estuviera muerto, sino que él lo percibía feliz y tranquilo, mirando la tele y comiendo unas pastas de chocolate.
Lorenzo Maldonado hizo detener al vidente por incompetente y por querer desviar el rumbo de la investigación con teorías fuera de toda lógica razonable.

Una pareja de jubilados aseguraron que creían que habían visto al niño de la mano de un señor con gabardina y de aspecto sospechoso. Decían que el hombre miraba al niño con intensidad mientras babeaba y decía cosas extrañas e incomprensibles como "mmm ahora verás. mmm te violare mmm te mataré .. mmm y luego cogeré una metralleta y iré a una guardería y haré una matanza mmm"
Lorenzo quedó horrorizado porque sospechaba que aquel hombre podía hacer daño a alguien.
Los jubilados creyeron que ya habían visto a aquel hombre alguna vez, sí, creían que se trataba de su vecino del piso de arriba, sí, era evidente que era él, se llamaba Eddy Davis y era peluquero amanerado, un hombre con el que curiosamente habían tenido un juicio ya que los había denunciado por poner la música muy alta a las tantas de la madrugada.
Perdieron el juicio pero decían que no le guardaban ningún rencor.
Dieron una orden de detención del tal Eddy Davis pero, cuando se comprobó que hacía unos siete días que estaba de viaje en Bélgica, tuvieron que dar una orden de búsqueda internacional por medio de la Interpol.
Las fotografías del niño y de su presunto secuestrador se emitían todo el rato por los programas sensacionalistas de la televisión. Todo el mundo estaba horrorizado del desconsuelo de la abuela Dolly y de la indiferencia gruñona de su hermanito Kevin.
Sólo habían pasado cuatro horas desde la desaparición de la criatura y ya se había puesto en marcha toda una infraestructura mediática y policial sin precedentes en el país de los canguros.
La abuela Dolly estaba cogida de la mano de un Lorenzo Maldonado con lagrimas en los ojos en el plató del programa "Niños robados y descuartizados" cuando le sonó el móvil en directo.
-Sí? diga?
-Abuela, ¿por qué no venís a casa?
-Jimmy eres tú?
-Sí, estoy en tu casa. Me he refugiado del mal nacido de Kevin aprovechando que tenía las llaves y de que vives al lado del parque. Te he dejado muchos mensajes en tu móvil. He estado mirando la tele y comiendo pastas, y después he hecho una siesta. Cuelgo que ahora hacen el Bob Esponja, adiós.
La señora Dolly colgó el teléfono, se levantó y se marchó mientras decía "falsa alarma, falsa alarma, Jimmy está en mi casa, está bien, hala adiós, me voy al colmado que no tengo azúcar".
Todos se quedaron perplejos, y mientras la presentadora felicitaba a un Lorenzo Maldonado emocionado este dijo las últimas palabras en directo.
-Será mejor que a partir de ahora demos un margen de por lo menos 24 horas antes de dar a alguien por desaparecido. Pero no olvidemos que lo más importante en estos momentos es que ese individuo repugnante de Eddy Davis no quede impune de sus asquerosos crímenes.

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Últimos instantes de una ex dirigente amoral

Todo empezó una fría tarde de verano debajo del tejado decolorado de una cabaña rústica en medio del bosque de alta montaña de la Suiza meridional.
La ex ministra de cultura sueca del ex gobierno de coalición entre el Partido Comunista Leninista y el Frente Populista de la extrema derecha estaba tomando un café mientras leía algunas de las antiguas cartas con amenazas de la época en que gobernó.
Gobernó, todo hay que decirlo, de una manera controvertida y arbitraría.

En aquellos días decidió retirar todas las subvenciones oficiales a cualquier actividad cultural para destinar el dinero a comprar nuevo armamento pesado y pelotas de playa ligeras para varios estamentos del ejercito de tierra y del agua y para los bañistas ociosos con ganas de disparar.

La mujer se quedó sorprendida al ver, que entre unos párrafos con un alto contenido sexual explicito dónde la invitaban a ser petada analmente por varios animales de granja, había un estilo de escritura fácil de reconocer para ella.
Era una prosa muy familiar de los años de la post-adolescencia.

Pensó sobre el tema un largo rato y al cabo de dos horas llegó a la conclusión de que aquella carta la había enviado Gregorio, un ex novio de la universidad sin antecedentes penales ni conocimientos elementales para tocar la guitarra clásica.

Recordaba muy bien a aquel personaje corpulento de besos restringidos; era calvo, diabético y escribía en el boletín de estudiantes repetidores.
Claro que pronto se dio cuenta de que había estado perdiendo el tiempo inútilmente ya que la propia carta estaba firmada como “Gregorio, ex novio resentido, alopedico sin azúcar y todavía vigente subdirector del boletín de estudiantes repetidores”.

Aquella firma era la confirmación de lo que sospechaba y esto le resultó muy desagradable y deprimente.
Cómo podía ser que una persona que había conocido personalmente, en la intimidad más intima que se puede tener cuando le comes la boca a alguien mientras te manosea bruscamente la entrepierna rasurada, se subiera al carro de los anónimos con mucho tiempo libre que la perseguían y martirizaban desde que llegó al poder?

Es cierto que ella lo traicionó de varias maneras para que lo despidieran del mejor puesto de trabajo que había conseguido en su vida y que lo calumnió sin escrúpulos para que su propia familia lo desterrase y no le dirigiera nunca más la palabra pero, aún así, a estas alturas de la película no tenía sentido esta muestra de odio visceral y impersonal hacia ella, una persona que se limitaba a encarnar el poder político dirigente del país de forma legitima y equilibrista.

Por mucho que la prensa y las hojas parroquiales dijeran que aquella coalición de gobierno era un pacto contra natura, y contra cualquier cosa artificial, ellos ya habían dejado bien claro en el documento fundacional del pacto de gobierno que hacían aquel acuerdo única y exclusivamente para conseguir el poder y sus fantásticos sueldos de gobernantes.
Ya estaban hartos de que siempre les tomasen por unos extremistas de la oposición y no pintar nada.
El Partido Comunista Leninista evolucionó y decidió dejar de hacer congresos generales ya que, a cada reunión con más de tres militantes, siempre salían nuevas escisiones internas y se acusaba a la cúpula dirigente de traidores y de estar aburguesados por el cargo.

Por su parte, el Frente Populista restringió las apariciones publicas de sus dirigentes más demagogos a las campañas de difamación habituales pero quedó expresamente prohibido hacer declaraciones a los medios audiovisuales para pronunciarse sobre cualquier opinión personal de la vida o de los dibujos animados didácticos para los niños con problemas emocionales.

"No haré declaraciones. Todo sea para seguir chupando del bote" declaró su secretario general el día que le preguntaron si le gustaría que los leñadores de la comarca lo ataran a un tronco y le reventaran los testículos a patadas.
Algunos espectadores que vieron ese corte de vídeo en el Telenoticias no se podían imaginar en qué contexto le hicieron una pregunta de esa naturaleza a un dirigente político.

La ex ministra nunca había entendido porque el mundo entero había puesto el grito en el cielo por esta declaración de principios y finales.
La gente merecía sinceridad y honestidad.
Ellos querían pillar la pasta y las prebendas.
Tener la cacerola por el mango, manipular las cerezas y dirigir el cotarro de los presupuestos.

Todo el mundo tiene derecho a progresar y a evolucionar espiritualmente, o al menos, a que su cuenta corriente crezca exponencialmente para mejorar el poder adquisitivo y los lujos refinados o re-engordados.

Ahora era una desilusión filosófica poner nombre y apellidos a aquel odio de las cartas.
Ver una cara detrás del papel. Y Gregorio tenía una cara bastante peculiar.
Un fantasma del pasado con maldiciones del presente.

Se acabó el café amargo como su corazón dolido, se puso el chándal de color verde pistacho y salió de la casita de madera. Aquel paisaje inmenso de la naturaleza nevada la reconforto un poco. Aquella blancura agobiante pagada con dinero negro la estimulaba a correr sin complejos.

Todo acabó una fría tarde de verano sobre el barranco invisible del acantilado del gruñón. La ex ministra de cultura cayó a peso, no se sabe si fue un accidente de la avaricia ociosa o un suicidio doloroso por culpa de los latigazos verbales de Gregorio y su falta de tacto en las amenazas.

A cada cerdo le llega su San Fermín.

Pos Data: Sí, este escrito no tiene demasiado sentido emocional ni cerebral pero ya hacia demasiado tiempo que no escribía en este sacro santo lugar y quería romper el hielo con lo primero que saliera.

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Las letras muertas

La Broma infinita es un libro de peso, un tocho ilegalizado en las salas de espera que vacilaría al Libro Gordo de Petete por la parte de atrás.
La Broma infinita es mi biblia pagana, hace años que la disfruto con intermitencias disfuncionales y no tengo ninguna prisa en finiquitarla.
El peregrinaje es el camino no el destino.
En la portada hay una ilustración que retrata al prototipo estereotipado de la familia perfecta y feliz de los anuncios de detergentes. En el interior hay letras de tamaño minimalista que deliran decadencias personales con un humor brutal, incisivo y salvaje sin dejar de ser ameno y lúcido.
La historia es compleja, variopinta y llena de matices grandilocuentes y los personajes son entrañables en su singularidad pre-cocinada.
Lo importante no es lo que cuenta sino, COMO lo cuenta.

En fin, que me gusta el libro de marras y el culpable de su autor es un puto genio al que venerar públicamente (y en la intimidad acatalanada).

Hasta aquí lo bonito y comestible de esta recomendación personal a la lectura de un libro gordo que me estigmatiza como seudo intelectual contemporáneo que reniega de nuestros tiempos enajenados e incívicos, con gentuza que rompe espejos retrovisores que solo reflejan su estupidez en la oscuridad de la noche urbana.

Pero escribo esto porque hace poco que me he enterado de que el autor (que por cierto todavía no he dicho el nombre (David Foster Wallace)) ha muerto recientemente.
Su esposa lo encontró ahorcado en su despacho cuando llego a casa por lo que el cuadro tuvo que ser un drama.
Es lo que tienen los suicidios, nunca vienen bien para la agenda del entorno.
En fin, una historia finita y triste que ha conmocionado a los círculos literarios de América.
Naturalmente no han faltado teorías de conspiración en la sombra de los pinos y montajes de series televisivas sobre un posible asesinato encubierto. Ya que el hombre era bastante critico con el sistema (y su gobierno casablanquero).
La realidad pero, parece mucho mas prosaica y mundana.
Foster sufría depresiones desde hace años y ya ensayo tendencias suicidas con anterioridad. De hecho, él mismo solicito que lo ingresaran en una institución mental cuando cayo en el pozo porque necesitaba medicamentos para calmarse.

Tan grande y tan persona.

En fin (y van tres), ahora me cuesta leer las paginas de La broma infinita, no lo conocía ni sabia nada de su vida pero leer parágrafos tan brillantes es difícil de digerir cuando uno está conmocionado en la distancia.
Espero que el duelo me dure poco, este trimestre necesito con ansia mi dosis de broma perpetúa ya que la crisis me tiene rodeado.

Descanse en paz.


Otros libros de David Foster Wallace:
Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer
La niña del pelo raro
Entrevistas breves a hombres repulsivos
Hablemos de langostas

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