8.11.04

Pruebas revenidas

El comienzo de esta pequeña historia no es demasiado mítica ni legendaria. La normalidad tecnológica que nos tiene rodeados saca todo el hechizo del milagro digital de esta fascinante comunicación inter-estelar.

Perdón, yo discrepo de mí mismo. Diré tan sólo que no llevo chancletas ni ropa de saco; digamos que soy un discípulo con chándal que me precipito esta madrugada.
En la intimidad de mi soledad voluntaria he experimentado algo con todo este montaje de los Blogs. Evidentemente, reconozco al reflejo de mi espejo que por el momento todavía no he entrado en materia pero me parece que tampoco me tengo que ofuscar demasiado por esto, puesto que toda gran tarea humana (y no digo que esto lo sea) requiere de tiempo y paciencia para poner unos buenos fundamentos que aguanten la estructura de la obra parida.
Aparte que ahora estoy haciendo algunos ajustes técnicos preliminares. Miro de poder dejar el tamaño de las letras fijas, sea cual sea la resolución del visitante y también tengo ganas de poder cambiar el color del texto. Creo sinceramente que la cosa ganará mucho. Bien, punto y pelota, raso y corto que no quiero divagar sólo entrar.
Saludo protocolario
En todo proceso intelectual, por modesto que sea, hay un momento en que se tropieza siempre con los grandes conceptos del universo; conceptos de una magnitud titánica que nos superan irremediablemente. Son los abismos infinitos e inescrutables que a estas alturas de la evolución humana no se pueden resolver satisfactoriamente. La tecnología científica y rústica del momento (con cantimplora y todo) no da para más. En este rincón sucio de internet reflexiono sobre al fin y al cabo y desplegado, sin ningún sentido del ridículo vergonzoso ni una humildad mal entendida; postulo impunemente sobre la irrelevancia y/o la trascendencia de la existencia del universo terrícola retro-moderno (zonas metropolitanas, granjas peligrosamente apartadas y suburbios de protección oficial aparte).
Evidentemente, no diré nada de la vida cotidiana de un bombero poeta que se mira al fuego que quema el mundo vegetal como si se tratara de un amigo; A mí los pirómanos siempre me han hecho olor a chamusquina.
Cuando menos, la política (imprescindible) y la literatura (genial) son, para un servidor y para muchos otros descarrilados, unos asuntos de lo más complejos pero totalmente esenciales para la vida contemporánea que nos tiene prisioneros al espacio-tiempo entre otros muchos temas, claro está (o oscuro incluso).

Salud y república bananera